Toda la gente errante

 

Prólogo

 

María Xosé Porteiro

 

 

 

Tejer la vida

 

En Toda la gente errante, su primera novela, Luz Darriba nos muestra que la vida no es sino un camino que para algunos resulta seguro y practicable mientras que para otros se ofrece como un continuo vagar a la búsqueda,  filosófica a veces, terrenal otras, de sus por qués. En este trabajo, pone letra a su enorme capacidad expresiva y consigue aunar su amor por las letras con su conocimiento del universo femenino, para contarnos una historia en la que parece realizar una de sus afirmaciones más hermosas: “Las mujeres tejemos la vida y sueños tan resistentes como la tela de una araña”.

 

Además de su consagrada carrera como artista multidisciplinar, la autora nos demuestra que también sabe moverse con soltura y eficacia en los procelosos caminos de la literatura para trenzar una compleja y delicada urdimbre donde se entrelazan y anudan las frustraciones, los errores y los sueños de sus protagonistas.

 

En verdad tenía que llegar el día en que Luz Darriba se propusiera escribir. No en vano, en su obra plástica ha estado siempre presente la pasión por los libros -unas veces como objetos, otras como concepto- para desarrollar una propuesta creativa y casi siempre espectacular. Así ocurrió en sus instalaciones e intervenciones públicas, Livres avec des Livres, Banco de libros, LiBing ROOM, Bibliotecas de Babel, ÁgoraLIBROS, Palabras+, LibroLibre, Follas Novas, y, especialmente en su obra más conocida internacionalmente, Cumulum. Muralla de libros, que contó con el apoyo de figuras tan relevantes del mundo de la literatura como José Saramago y Mario Benedetti, o de las artes plásticas, como Christo, que consistió en cubrir la Muralla de Lugo nada menos que con 600.000 libros[1].

 

Por lo tanto, no debiera sorprender que algún día el libro dejaría de ser tesala de sus instalaciones-mosaico para convertirse en un fin en si mismo, en instrumento a través del cual conseguir que un elenco de personajes, situaciones, emociones e intriga, llegaran a conectar con un mundo imaginado de lectores sin rostro.

 

Así ocurre con Toda la gente errante, donde encontramos en su argumento el otro elemento que mueve una y otra vez su inspiración creativa: las peculiaridades y circunstancias, casi siempre injustas, que jalonan la vida de las mujeres por el mero hecho de pertenecer a un sexo maltratado en el presente y a lo largo de la Historia. En su trabajo artístico Luz Darriba se ha destacado por el empeño en recuperar la visibilidad de sus congéneres y por denunciar y combatir sin descanso la violencia machista.

 

Estamos, por lo tanto, ante una persona firmemente implicada en los problemas que aquejan al mundo en que vive y la opresión de las mujeres es una cuestión principal en esa actitud vital de compromiso. Sobre este asunto ha dicho en alguna ocasión que “solo el conocimiento conduce a la libertad, y las mujeres hemos estado, y en algunos lugares del mundo aún estamos, imposibilitadas de acceder al conocimiento por el solo hecho de ser mujeres”.

 

La convivencia de las artes plásticas y la literatura

 

En este ir y venir de la plástica a lo literario, Luz Darriba parece coincidir con Voltaire, que definía a la escritura como la pintura de la voz o con Leonardo Da Vinci, que pensaba que la pintura es una poesía que se ve sin oirla y la poesía es una pintura que se oye y no se ve. Ambos reflexionaron sobre la relación entre dos actividades artísticas que permiten compartir sensaciones y emociones, dar rienda suelta a la imaginación, comunicarse, en fin, con otras muchas personas que reciben esta creatividad como una oportunidad única de disfrutar y compartir otras miradas, otros mundos.

 

Algunos notables artistas como Picabia, Duchamp, Delacroix, Van Gogh, Klee, Dalí, Sarduy, Torres García, Figari, Jacoby, Saura, Granell o Úrculo, hicieron alguna incursión en la literatura, unas veces a modo de diario, correspondencia, apuntes o reflexiones teóricas. Otras, con la voluntad de trabajar el género literario como una forma más de expresión pública, a menudo en verso y en menor medida, en prosa. Un caso notable es Ernesto Sábato que reconocía que la pintura fue su primera pasión, desde la niñez, cuando aún no sabía leer ni escribir, aunque con el paso del tiempo la literatura se fue imponiendo “porque mis crisis espirituales, psicológicas y políticas exigían ya palabras e ideas aunque fueran ideas encarnadas en violentas pasiones”.

 

Probablemente con Toda la gente errante, Luz Darriba, siga también el  consejo del genial escritor Alejo Carpentier, músico, además de novelista extraordinario, cuando recomendaba que los artistas cultivaran algún otro género como “violín de Ingres”[2], no autocomplaciente, sino que enriqueciera el que asumían como central.

 

Viene a cuento en esta búsqueda de antecedentes en el duplo oficio de pintar y escribir, el también cubano Severo Sarduy que abordó ambas actividades con idéntico ahínco. En su original autobiografía, El Cristo de la Rue Jacob[3], se pregunta y se responde a si mismo: “- Severo ¿Por qué pintas? – Pues te dirá: pinto porque escribo. – ¿Hay alguna relación entre las dos cosas? – Para mí, sencillamente es lo mismo”.

 

Tal vez esta novela con la que hace su debut la escritora Luz Darriba,  sea también el comienzo de una opción plural e igualmente apasionada, para una mujer que comenzó como artista y en su madurez buscó – y a fe que lo ha encontrado – un nuevo camino en la literatura que podrá recorrer sin abandonar su vocación inicial.

 

Tras sus fructíferos pasos en el relato breve que la hicieron merecedora del primer premio del XIV concurso Anxel Fole en 2012, su sorpresiva incursión en la literatura luego de tan contrastada trayectoria en la pintura, el grabado, el video, la fotografía, la imagen digital, las performances o las instalaciones, mantiene un nexo coherente con las preocupaciones que han movido sus trabajos anteriores. “Mi principal motivación artística es la realidad” dijo en una ocasión, añadiendo que nada puede ser más motivante: “aunque estemos a años luz de reflejarla (del modo que sea), de constreñirla a cualquier soporte y a cualquier concepto artístico”. 

 

La realidad y los sueños

 

En esta novela, la autora nos ofrece una historia contada con un estilo realista, a veces con tono documental -casi en blanco y negro-, que discurre a través de sus páginas con destellos de luz y mueve el ánimo del lector del pesimismo al optimismo, en un viaje que nos lleva a una solución inesperada y esperanzadora.

 

La trama central de la novela parte del encuentro de dos mujeres cuyas vidas  se cruzan de manera azarosa en una coincidencia que se revelará crucial para ambas. Con lenguaje fluido y tono intimista, iremos acercándonos a las peripecias de Virtudes y Julia, residentes en una pequeña ciudad de provincias, en una historia que la autora sitúa en nuestros días. Son dos almas que a priori no parecen tener posiblidad alguna de llegar a compartir emociones o inquietudes, pero, contra todo pronóstico, la búsqueda del pasado en una y del futuro en la otra, cambiará para siempre el curso de sus existencias.

 

En Toda la gente errante Luz Darriba nos introduce en un mundo que –como queda dicho- es una constante en su obra artística: la situación opresiva del sexo femenino en una sociedad constreñida por normas y valores patriarcales que se reproducen y reinventan desde el principio de los tiempos.

 

La historia se va abriendo paso contada por dos voces que se alternan, casi simultáneas, hasta configurar un recorrido paralelo, en apariencia, pero que en realidad marcan un camino convergente.

 

La identidad y los orígenes están presentes en esta narración de manera latente y sugestiva en su resolución. La autora consigue hacernos participar del ambiente oclusivo y claustrofóbico que se reproduce, contumaz, en el interior de las paredes de la casa familiar de una anciana y solitaria dama y en las calles de ambiente pueblerino que su inesperada cuidadora recorre con indiferencia y apatía ante la ausencia de expectativas.

 

Mediante flashbacks al tiempo vivido por ambas mujeres en geografías distantes y sociedades distintas, se ofrece al lector una historia de dramas cotidianos y  sueños de redención, pero sobre todo, el descubrimiento de sus auténticas personalidades y de las razones de sus acciones anteriores al momento en que se produce su encuentro. El íntimo monólogo interior de los pensamientos de las dos protagonistas nos irá llevando, a lo largo de una acción lenta pero constante, hasta un punto sin retorno.

 

Luz Darriba dibuja las personalidades de sus personajes centrales con trazo firme y descriptivo, con acento expresivo y contundente desde el primer momento, mientras que deja para los actores secundarios una mirada más somera que evita distracciones sobre el conflicto medular centrado en la relación entre las dos protagonistas. En el sobrio elenco de personajes destaca el cuadro de voces femeninas. Los personajes masculinos funcionan como un contrapunto preciso en momentos claves de la trama y es en su evocación donde se apunta la solución al secreto que la autora se propone descubrir.

 

Julia y Virtudes, Virtudes y Julia. Tanto monta… marcan ambas con su intensidad el eje argumental de esta novela.

 

Lo que puede esperar de la vida una mujer aún joven como Julia pero marcada por la falta de expectativas -trashumante compulsiva y superviviente de varios naufragios- en un país que la ha decepcionado y en un momento histórico marcado por la crisis, es la huída hacia cualquier otro lugar. Tal vez a sus orígenes en otro continente, en otro hemisferio, en otra cultura próxima pero diferente. Las condiciones en las que vive describen una situación límite de la que sale sorpresivamente un día para pasar a compartir expectativas con otra mujer, Virtudes, con años suficientes como para darse por vencida en la batalla por la existencia pero capaz todavía de sorprender a todos con una renovada esperanza.

 

Las dos tienen amargura en la mirada, desengaño y dolor. Pero hay también un aliento inconformista que hace que no pierdan la capacidad de soñar. Entre ambas tejen una red que las une y las lleva a otra realidad tras el duro aprendizaje de la convivencia y de las cesiones necesarias para establecer una relación de respeto mutuo. Se produce así el encuentro, nada fácil, entre una burguesa decadente y una rebelde fracasada, que llegan a comprender lo que cada una de ellas puede hacer por la otra y cómo eso revertirá en si mismas.

 

Las personalidades complejas, marcadas por sus traumas y sus contextos vitales, de Julia y Virtudes, se abren en Toda la gente errante a la alquimia de la transformación de metales impuros en nobles y valiosos materiales, con la guía de citas de El Señor de los Anillos que nos ayudarán a encontrar el final  del laberinto.

 

El gran pintor gallego Laxeiro dijo de Luz Darriba que era “una mujer que pinta con toda libertad, con la que deja en sus lienzos su verdad”. Hoy, la ya segura escritora nos ofrece esa misma autenticidad en esta historia que nos hará soñar con un  destino generoso. 

 

Vigo, 2012


[1]
                [1] Cumulum entró en el Libro Guiness de los Records como la mayor obra del mundo hecha con libros. Esta iniciativa de Luz Darriba supuso un impulso extraordinario para que la UNESCO declarase a la Muralla de Lugo, Patrimonio de la Humanidad.

 

 

[2]
                [2] Expresión que designa la actividad a que uno se dedica con entusiasmo al margen de su verdadera ocupación. Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L

 

 

[3]
                        [3] El Cristo de la rue Jacob, [Ensayo], Barcelona: Ediciones del Mall, 1987.

 

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